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Albert Coll, una joya en la familia

Albert Coll (Barcelona, 1928) ha vivido rodeado de joyas, en el sentido más amplio de la palabra. Creador por vocación. Visionario y autodidacta, 12 Premios Nacionales de joyería avalan su talento como artista en una trayectoria profesional que se expande durante 7 décadas. Con 91 años, Albert está jubilado, pero continúa en activo. La mente nunca descansa, así como sus talentosas manos, grandes como su corazón. El resurgimiento de la firma se debe a Mireia, su nieta que ha heredado las capacidades del abuelo, rescatando del olvido, las joyas de oro y titanio que Albert Coll ya diseñó en los años 70. Las nuevas colecciones, que seducen a los millennials a través de Instagram, son fruto del trabajo en equipo y la complicidad entre ambas generaciones. Una sintonía maravillosa que une a la familia. ¡La joya es verlos en acción!

[Entrevista publicada en Oci.cat, suplemento de ocio y tendencias de 20M]

Albert Coll: “Nunca lo hubiera dicho que Picasso fuera creyente, pero con mi cruz creyó”

 

¿Cuándo te vino la vena creativa?

Mi padre era relojero, pero yo aprendí el oficio de forma autodidacta. Recuerdo a los 6 años en el colegio, que mientras los otros chicos jugaban a fútbol, yo cogía migas de pan y hacía anillos y también alguna pulsera. Entonces no teníamos plastilina, como ahora.

El talento ya viene de serie.

Durante mi época de estudiante, me pasé los veranos vestido con una bata blanca en la tienda de mi padre. Es curioso que las piezas que le diseñaba destacaban por su minuciosidad, o al menos eso me decía. Recuerdo que una vez le hice un cuadrado no demasiado grueso de 3mm que se aguantaba de pie por  todas los lados. Él se sorprendió y me dijo que tenía que ser joyero, y hasta que no me casé no fui joyero. ¡De esto ya hace 63 años!

¿Cuál fue tu primer éxito comercial?

La primera joya que diseñé fue una cruz un poco abstracta que llevaba un Cristo de oro. Un cliente nuestro compró uno de los collares para regalárselo a su mujer. Pues resulta que este hombre era primo hermano de la mujer de Picasso. Cuando Picasso vio la cruz se enamoró y nos encargó tres piezas. Fíjate tú, que nunca lo hubiera dicho que Picasso fuera creyente -se consideraba ateo-, ¡pero con mi cruz creyó!

¿Por qué diseñaste una cruz?

Por creencias personales y porque fue la primera cosa que sentí como tal.

¿Qué es lo que todavía te cuesta de creer?

Que me propusieran abrir una tienda en la Quinta Avenida de Nueva York o, desde el Ministerio de Comercio, me dijeron si quería ir a México para abrir más talleres. Estas fueron las proposiciones más serias que he tenido a lo largo de mi vida profesional.

¿Te arrepientes de haberlas rechazado?

No. Reconozco que reflexioné mucho la decisión en su momento, pero al final pensé que tenía a los niños escolarizados aquí en Barcelona y que en la ciudad estaban muy a gusto y no quise trasladar mi familia.

¿Cuál es la importancia de ir a contracorriente? Las joyas Albert Coll siempre han roto los esquemas.

Me gusta diseñar cosas que todavía no ha creado nadie y siempre he hecho lo que he querido. A mí me han copiado muchas veces. En cambio yo, nunca he mirado los escaparates de mi competencia ni los voy a mirar.

Leo en tu libreta de apuntes: “Los pendientes solo se mueven con el viento porque es tanto ligero el titanio”. ¿Cómo surgió la fascinación por este material?

Empecé a diseñar joyas de titanio porque leí en una revista inglesa que se podía hacer y también me inspiró la estructura del Banco de Hong Kong y sus cristaleras. Esta idea me vino antes de que se hiciera el Museo Guggenheim de Bilbao. Entonces decidí comprar titanio en Inglaterra y empecé a hacer experimentos junto con mi cuñado que es químico para teñirlo porque su color original -el gris- me pareció muy insípido.

Y, ¿por qué azul?

Pues porque después de muchas pruebas y experimentar con todos los colores del arco iris, el que me gustó más fue el color azul. Ahora, esta técnica que es secreta la he enseñado a mi nieta Mireia. Me sorprendió porque la primera vez que la hizo ya le salió bien. Ahora es ella quien sigue la tradición.

De hecho, este nuevo resurgimiento de la firma tiene que ver con un descubrimiento que hizo tu nieta de estas colecciones de titanio diseñadas hace 40 años. -Mireia se introduce a la conversación-.

Albert: Yo ya estaba jubilado y “la culpa” de volver al negocio la ha tenido Mireia.

Mireia: El abuelo siempre nos había regalado joyas de oro en cada cumpleaños y las veía bonitas, pero pensaba que no eran acordes a mi edad. En cambio, hace un tiempo, descubrí en la tienda, unas piezas XL de titanio azul que me encantaron porque las encontré muy modernas y combinables, y luego supe que aquellas piezas no se vendieron en su época porque sus diseños eran demasiado vistosos y la gente no se atrevía a llevarlos. En aquel momento es cuando entendí que mi abuelo era un visionario y que sus joyas iban avanzadas a su tiempo. Recuerdo que lo reñí un poco al decirle: “Abuelo, porque no nos has regalado esto antes, ¿qué hacía aquí olvidado?”.

Mireia Arasa: “Cuando descubrí los diseños de mi abuelo descubrí que era un visionario y que sus joyas iban avanzadas a su tiempo”

 

La primera colección llamada GEA, vio la luz el verano pasado y fue un éxito de ventas. ¿Cómo lo hacéis para conectar con las nuevas generaciones?

Albert: El trabajo ahora es de Mireia, yo solo diseño y voy pactando con ella las piezas finales.

Mireia: Yo he estudiado Comunicación Audiovisual y no sabía nada de joyería, pero el proyecto nació de una circunstancia familiar triste y quería que mi abuelo volviera a diseñar para que los días pasaran más entretenidos. Y poco a poco, creamos las piezas de la primera colección inspiradas en aquellas joyas contemporáneas que no se vendieron, diseñamos una página web, hicimos fotografías de campaña y enseñamos a todo el mundo lo que hacía mi abuelo a través del Instagram -Albert le llama *tableta-. Todo lo que hacemos lo pactamos juntos porque es nuestro proyecto.

Entonces, la saga continúa.

Albert: A mí me gustaría que Mireia se dedicara al cine.

Mireia: Este proyecto ahora mismo es nuestro día a día y ya anda solo. Además, la ilusión que hay detrás de esto, no la he encontrado en ninguna parte porque tiene un valor personal incomparable. Además como profesional del audiovisual también me puedo desarrollar en todos los ámbitos, también en el artístico. Yo le veo muchas posibilidades porque pienso que, más allá del dinero, es un proyecto que nos permite volar. Verdad que sí, ¿abuelo?

Fotos: J.Dalmau

Periodista de moda y tendencias. Desnudo al que viste.

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