Slideshow, Un plan para 2, Viajes

Escapada a Biarritz

Biarritz, me has atraído a golpe de vista. Reconozco que te había observado en la distancia, había buscado tus atractivos, había intentado descubrir lo que me ofrecías previamente, pero cuando puse los pies en ti, me olvidé de todo lo premeditado para dejarme llevar y descubrirte de forma sincera y sosegada. Esa es la manera en la que has conseguido cautivarme.

Bañada en la costa Atlántica y a media hora en coche de la frontera española, se encuentra esta glamurosa localidad que esconde dos caras de una misma moneda. La faceta sofisticada desvela una ciudad aristocrática, cuna de vacaciones desde el siglo XIX, de la burguesía europea más pudiente como la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III. Esta opulencia se aprecia en sus elegantes villas de arquitectura ecléctica, en el casino municipal de estilo art déco y en sus distinguidos hoteles como El Hotel du Palais, que durante décadas fueron lugar de veraneo de familias reales y celebridades variopintas (hasta Karl Lagerfeld conservaba una mansión estival en Biarritz). La pequeña localidad de los países vascos franceses ofrecía un remanso de paz alejado de las aglomeraciones de la Costa Azul, el lugar de veraneo oficial del país, manteniendo ese punto distinguido y algo más salvaje. Esa es la vertiente vanidosa de Biarritz, cuyo encanto se mantiene intacto a día de hoy.

Biarritz esconde dos caras: el lujo representado con sus villas de arquitectura ecléctica y sus costas salvajes surcadas de surfistas que abanderan ese estilo de vida más despreocupado”

El alma de Biarritz es más indómita gracias a su costa salvaje coronada de rocas esculpidas por la furia del mar y sus desafiantes olas que las moldean a su gusto. ¡100% esencia vasca! La ciudad esconde seis kilómetros de playa,separadas en distintos tramos donde el paisaje abrupto deja paso caprichosamente a las extensiones de arena para los bañistas. Destacan la playa de Miramar, la playa Grande, Marbella, Côte des Basques y Milady. Me entusiasmaron los caminos de ronda que hay, parecidos a los de la Costa Brava, para poder hacer largos paseos al aire libre, acariciando la arena y las rocas, atravesando el pintoresco puerto de los pescadores, y varios puentes de piedra o metálicos como el que se construyó para acceder al peñasco de la Roca de la Virgen. Desde este espacio natural se obtiene una fantástica panorámica de la ciudad y también de las montañas del País Vasco español. Te recomiendo también alcanzar el faro de Pointe Saint Martin, en el punto más septentrional de la ciudad, para visualizar otras de las mejores vistas de la ciudad. Siéntate en uno de sus bancos y contempla. Más allá de las promenades, en Biarritz destacan las actividades acuáticas y en especial el surf donde no hay que esperar en verano para atestiguar las agrupaciones de surfistas que practican este deporte en un entorno favorable. ¡Nunca faltan olas de gran tamaño! A su alrededor, en La Côte des Basques, algunas terrazas y pequeños cafés invitan a tomarte una cervecita o una copa durante el atardecer, observando ese estilo de vida ligero y despreocupado.

¿Dónde comer y comprar?

Ya lo sabes, soy una bon vivant y practico el arte del comer, beber y terracear, entre otros muchos que no te voy a contar. Te recomiendo que, para estos placeres, no te alejes de Les Halles donde está el Mercado Central con productos gourmet, frescos y de temporada. Allí se puede comprar lo inimaginable (encontré hasta unos frutos secos con wasabi que buscaba desde hace semanas) y lo difícil es salir con las manos vacías. Es dentro del mercado en el edificio más pequeño reservado para el pescado, donde tienes que probar sus maravillosas ostras recién salidas del mar con un buen vaso de vino blanco. En L’écaillerie te sirven una ración con bebida por 7,5 euros. Es en plan informal, pero están para tocar el cielo. Alrededor del mercado también está lleno de comercios y restaurantes donde van los locales. ¡Ahí tienes que ir! No faltes a Comptoir du Foie Gras, un lugar donde las tostadas de este manjar francés son imprescindibles. ¿Te gustan los quesos? En la céntrica rue Gambetta encontrarás el paraíso con Lait 2 Fromagers. De hecho, no dejes de recorrer esta calle varias veces para sorprenderte con cada uno de los comercios, cada cual más apetitoso. Otros espacios gourmet para no perderse: el Bar Jean para los aperitivos, Le Bar du Marche y la pastelería Pariès En plan restaurantes a pie de playa me recomendaron cenar en Blue Cargo, un espacio muy cool que cuando fuimos estaba cerrado. Sin embargo, no tiene pérdida La Plancha, justo al lado con una deliciosa carta de carnes y pescados y tapas que fusionan la cocina francesa con la vasca.

Si quieres ir de compras, hay otra calle clave, también en el centro: la avenida Victor Hugo. Allí te recomiendo que saques la nariz en la tienda Madame & Monsieur y en L’Egoiste con ropa para el nuevo dandy. También existen varias tiendas de decoración con objetos peculiares y de espíritu vintage y algunas ópticas que tienen unos modelos de gafas que atraen miradas. Por último, pásate por la tienda delicatessen Maison Arostéguy, el paraíso de los sibaritas.

Escribe un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.