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Entrevista Juan Avellaneda

El icono de estilo, Juan Avellaneda (Barcelona, ​​1982) vence sus miedos a la escritura con su libro ‘Poténciate’, un manual práctico donde da algunas claves para mejorar la imagen personal en la búsqueda del estilo propio. ¿Cómo? A través de un lenguaje sencillo y sin filigranas donde desmonta mitos y elimina prejuicios. El diseñador de moda, que revoluciona el concepto de sastrería masculina -y ahora también femenina, defiende la vertiente más sofisticada del sector con el ojo puesto en la calle, el auténtico barómetro de las tendencias.

[Entrevista publicada en Oci.cat, el suplemento de ocio y cultura del diario 20 Minutos]

Juan Avellaneda: “Con tanta uniformidad parecemos zombis”

Poténciate’ es un libro para dejar de lado miedos y manías…

Sí, las personas se quieren ver atractivas y en ocasiones, no saben cómo hacerlo y se angustian sin motivos. En el libro intento romper tabúes y resolver dudas para sacarse partido de un mismo. En ningún caso, pretende ser un manual de autoayuda, pero sí que intento que los lectores vean la moda como un tema más relajado y lúdico. Y, sobre todo, ¡que se saquen complejos de encima!

¿Cuáles son estos complejos?

En general, tendemos a ver los defectos, pero no nuestras virtudes y esto ocurre en todos los ámbitos, más allá de la moda. No hay nadie perfecto y se trata de potenciar los atributos buenos de nuestro cuerpo y ocultar los demás. ¡Tampoco podemos vivir obsesionados!

La moda es de todos, no sólo de unos cuantos. También de los que reniegan…

Totalmente de acuerdo. Las personas que dicen que pasan de la moda porque la ven banal también están comunicando a través de su vestuario despreocupado que no les interesa. Creo que es una fachada que se hacen para protegerse de los prejuicios o complejos porque considero que se puede ir bien vestido siguiendo tu estilo o estética. Al final los que reniegan terminan yendo con uniforme.

La democratización de la moda hace que todos vamos iguales. ¿Cómo lo ves?

El problema es que experimentamos poco con la ropa y no nos atrevemos a probar combinaciones diferentes por miedo a equivocarnos o al qué dirán. De hecho, yo reconozco que soy muy voyeur y siempre miro la gente que pasa por la calle para darme cuenta de que hay muy pocas personas que tengan un estilo personal o que destaquen estilísticamente por algo. Con tanta uniformidad parecemos zombis.

¿Qué propones para no caer en la uniformidad?

Pues experimentar con las siluetas, jugar con las piezas, probar combinaciones nuevas, abrazar el color… La moda es diversión y el estilo va apareciendo a medida que vas probando cosas nuevas. Es un proceso de aprendizaje y de sentirse bien con uno mismo.

A veces, el peligro puede ser caer en el exceso…

Los cambios deben ir paso a paso y hay que ser muy fiel a lo que te gusta, independientemente si está de moda o lo lleva todo el mundo.

¿Dónde está la línea del buen y mal gusto?

No existe, depende de los ojos de cada uno. La base está en el respeto hacia todo el mundo y aquí destaco que se deben seguir los protocolos y los códigos de indumentaria ligados a los eventos o en ciertas profesiones.

Ponme un ejemplo.

Si te invitan a una fiesta donde todo el mundo tiene que ir de etiqueta y tú no vas es una muestra de mala educación. No es que reivindiques tu estilo de ir diferente, sino que en estos casos hay unas normas a seguir y si no estás dispuesto a obedecerlas pues mejor que no vayas porque es una falta de respeto.

Un error que no tenga perdón en materia de estilismo…

Lo más importante es la higiene corporal. La falta de esta hace que no respetes a los demás.

Somos lo que vestimos.

Exactamente. Toda la ropa y los complementos transmiten indirectamente como eres y te representan en cierto modo. Hasta el detalle más minúsculo dice algo de ti y eso hace que las personas, que por naturaleza juzgamos de entrada, tengan de ti una impresión, ya sea buena o mala. Como decía Oscar Wilde: “Nunca hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión”.

¿Cuándo descubriste tu identidad a través de la moda?

Pues no lo recuerdo, pero siempre ha estado presente y en constante evolución, esto no quiere decir que no la haya pifiado nunca. Por ejemplo, me gusta reinterpretar la sastrería para darle un aire innovador a través de las siluetas, los tejidos y los colores.

De hecho, has convertido el esmoquin en tu símbolo. Ahora también con una primera colección femenina …

Es una pieza que me divierte muchísimo por su versatilidad. Además, siempre me ha fascinado porque no contemplo que el esmoquin sea sólo adecuado para las ocasiones especiales. Siempre decimos que los buenos momentos se han de celebrar y no hay que esperar una fiesta o un evento concreto para sacar del armario aquellas piezas que se mueren de asco todo el año. En este sentido, propongo hacer un ejercicio a la inversa: ¡busquemos un motivo de celebración a diario para sacar el esmoquin del armario!

Entrevista: Maria Almenar para 20 Minutos

Fotos: J. Dalmau

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