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Los 7 magníficos de Dinamarca

Dinamarca es un país fascinante, entre otras cosas, por sus exquisitos contrastes: de lo cosmopolita a lo rural. De la arquitectura y el diseño más vanguardista (consulta el post anterior aquí) al apego de los daneses por lo clásico y lo tradicional. Este verano descubrí en coche algunos de los parajes naturales más sorprendentes (indicados con el símbolo de una margarita) en este peculiar roadtrip: que atravesó las islas de Selandia, Møn y Fionia, hasta rodear la Península de Jutlandia. Sin ánimo de divagar demasiado, os enumero algunos atractivos que considero imperdibles:

  1. La Ribera Danesa

La costa del Norte de Selandia es sin duda “el destino oficial” de sol y playa de los daneses, que aprovechan las vacaciones para bañarse en sus múltiples playas de arena blanca y fina, casitas de rayas multicolor, largas pasarelas de madera que atraviesan el mar y aguas calmadas, poco profundas. ¿Mi gran sorpresa? Temperatura del agua perfecta para el baño: ni fría ni caliente, y eso que se trata del Mar Báltico (costa de Oresund y Kattegat). En verdad, viví un verano atípico, donde no vimos llover ni un solo día y las temperaturas diurnas rozaban los 30 grados. La cuestión es que daba gusto darse un chapuzón y recorrer los pequeños pueblecitos alrededor de Helsingor (la principal ciudad del norte) como Espergærde, Gilleleje, Tisvildeleje y Liseleje. Pequeños paraísos costeros de casas de verano con tiendas de diseño local y restauración familiar que no se asemejan en nada a nuestras horribles costas urbanizadas, pobladas de edificios y tienduchas de dudoso gusto ético y estético. Al tratarse de pueblos marineros, es casi obligatorio ir a los puertos donde al caer la tarde se concentra toda la actividad en forma de merenderos y agradables terrazas que invitan a hacerte una copa contemplando pausadamente la puesta del sol.

Pequeños pueblos marineros de urbanización amable y restauración familiar que no se asemejan en nada a nuestras horribles costas explotadas.

  1. Museo de Louisiana

El Museo de Louisiana combina a la perfección arte, arquitectura y paisaje, donde estas tres variables están perfectamente interrelacionadas entre sí. El proyecto es de los arquitectos Jørgen Bo y Vilhelm Wohlert que buscaban crear esta armonía entre la edificación y su entorno, entre lo que se expone y el paisaje que lo envuelve. El fundador de este espacio, Knud W. Jensen, creó un museo (a 40km al norte de Copenhague) donde el arte moderno danés tuviera protagonismo, junto a otras obras realizadas a partir de 1945 de célebres artistas mundiales. En poco tiempo, el Museo de Louisiana se convirtió en un referente internacional del arte contemporáneo de la segunda mitad del siglo XX. En mi visita, contemplé el trazo de Gabriele Münter, una de las pocas figuras femeninas del expresionismo alemán; los carteles pop art de Edward Ruscha; me encantó la instalación visual titulada ‘Gleaming Lights of the Souls’ de la artista japonesa Yayoi Kusama y algunos cuadros de Yves Klein que inmortalizó el azul que lleva su apellido, entre otros artistas. Sin duda, merece una visita.

El Museo de Louisiania crea esta armonía entre la edificación y su entorno.

  1. Mons Klint

En el sur de Selandia, se encuentra la pequeña isla de Møn y su principal atracción turística son los blancos acantilados de Mons Klint que se levantan a 128 metros del mar y están cubiertos por un frondoso bosque que los arropa. Estos impresionantes acantilados de piedra caliza se extienden a lo largo de varios kilómetros de la costa sudeste de la isla. Se accede a ellos a través de varios senderos que los rodean o una escalinata de madera que da acceso a sus playas donde es habitual encontrarse fósiles marinos. Dos consejos: merece la pena bajar (y subir) las escaleras para ver Mons Klint desde la playa, eso sí mentalízate que hay más de 300 peldaños. Yo perdí la cuenta. ¡Evita ir durante las horas punta porque es una zona totalmente turística!

  1. Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen es el hijo pródigo de Odense, la capital de Fionia. El famoso poeta y novelista de cuentos infantiles como la Sirenita o el Patito Feo es la principal atracción de la ciudad, donde el centro giro entorno a su figura: la casa donde nació situada en un cruce de calles pintorescas; su casa como adulto; el Museo Hans Christian Andersen donde se descubren todos los entresijos de su vida; y una ruta por los lugares encantados esparcidos por la ciudad que inspiraron al célebre narrador de cuentos para niños (con cierta mirada ácida).

Hans Christian Andersen es el hijo pródigo de Odense y la ciudad se nutre principalmente de su figura a nivel turístico

  1. Los faros daneses

Los faros son un símbolo de Dinamarca por su tradición navegante y su posición estratégica en el mapa marítimo, siendo una puerta de entrada y de salido al norte de Europa. Es por eso, que se merecían un capítulo aparte porqué encontramos auténticas joyas en nuestro camino. Algunos de manera fortuita, otros fuimos a la caza y captura de estas construcciones marítimas. Destaco los faros fluorescentes (verde y naranja) de Helsingor situados como chaparros guardianes de la entrada del puerto que avistan los vaivenes del ferry que conecta con la ciudad sueca de Helsinborg. En el norte de la península de Jutlandia se sitúa Hirtshals Fyr, que se alza como una inmensa torre blanca en una playa llena de vestigios de la Segunda Guerra Mundial. En un entorno similar, se encuentra Skagen Graa Fyr iluminando el punto donde se junta el Mar del Norte con el Báltico y, por último, el que me impresionó más: Rubjerg Knude. Un faro escondido rodeado de una inmensa duna de arena situado a pocos kilómetros de Lønstrup en la costa noroeste de la Península de Jutlandia. Una de las mejores atracciones de la costa danesa a la que se accede a pie y os recomiendo ir durante el atardecer. ¡Un lugar mágico!

Los faros son un símbolo de Dinamarca por su tradición navegante

  1. Skagen

La pequeña ciudad de Skagen se sitúa en la punta más septentrional de Jutlandia y es cuna de conocidos pintores atraídos por su fantástica luminosidad. Su principal atractivo es sin duda visitar el punto donde se fusionan el Mar del Norte con el Mar Báltico ofreciendo a los visitantes un espectáculo natural de olas que chocan entre sí al ir cada una en sentido contrario. Para ello hay que andar unos 2 km por la costa este. Consejo: sácate los zapatos y anda descalzo por la orilla del mar. Una vez finalizada la vistita, cenamos en un restaurante que nos recomendaron: el sofisticado Brondums Hotel Restaurant, especializado en delicias danesas con un toque francés. Os recomiendo que probéis el menú con el maridaje de vinos. Eso sí, prepárate a dejarte unos 100 euros por persona.

El Mar del Norte y el Mar Báltico chocan en Skagen

  1. Ribe

De camino hacia al suroeste de Jutlandia, una vez dejamos atrás la estatua blanca ‘Men in the Sea’ de Esbjerg descubrí la ciudad más pintoresca de Dinamarca: Ribe. En esta población todo es absolutamente instagrameable y cada rincón te ofrece espacios inigualables que parecen sacados de una postal de cuento. Callejuelas de piedra, casas históricas, un riachuelo que atraviesa la ciudad formando algunos canales, un pequeño puerto y un casco antiguo sin los visitantes que serían de esperar para ser la ciudad más antigua de Dinamarca. Eso no quiere decir que durante el día no haya bullicio en la calle principal. En Ribe me enamoré del entorno bucólico, de los largos atardeceres saboreándolos con un picnic al puerto y de la isla de Mandø. Esta isla, forma parte del Parque nacional del mar de Wadden, un entorno natural protegido para la observación de aves y otros animales salvajes que el país comparte junto a Alemania y Holanda. De hecho, es una pequeña península y se accede a ella a través de un estrecho camino que solo se forma cuando está la marea baja. Por eso es importante consultar siempre el horario de las mareas para que no te quedes aislado. Una vez dentro de la isla se puede hacer una pequeña excursión para ver las dunas, el molino, las praderas de ovejas… puedes ir a pie o con un transporte de concepto curioso: el “traktor bus”, que te lleva a un gran banco de arena donde en invierno se acercan las focas.

En Ribe me enamoré del entorno bucólico

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