Eventos, Gastronomía, Viajes

The Dom Pérginon Island

El placer más exclusivo es efímero. En caso contrario, ¿qué gracia tendría que siempre fuera alcanzable y perpetuo? Es evidente que no dejaría de ser bueno, un atributo innato y a su vez subjetivo, pero se convertiría en algo corriente. Y ya se sabe que lo uniforme se vuelve invisible. Las sorprendentes experiencias de Dom Pérignon alcanzan ese estatus de goce máximo para los cinco sentidos en formato perecedero. La última genial ocurrencia: The Dom Pérignon Island con la participación del chef 3 estrellas Michelin Quique Dacosta en la isla privada de Sa Ferradura en Ibiza. Un carpe diem en toda regla. El presente como tesoro.

Esta nueva experiencia despedía la primavera a lo grande: se realizó del 14 al 20 de junio, y se enmarcaba en los actos inéditos en destinos inesperados que la firma vintage idea cada año en consonancia a su filosofía: Dom Pérignon solo produce su mítico champagne durante las añadas que puede ofrecer creaciones de máxima calidad enalteciendo su producto a la máxima expresión. Además, el tiempo magnifica y releva su vino, con unas líneas de expresión únicas y hace que un producto excelente se pueda superar con el paso de los años. Son las llamadas Plenitudes. Estos elementos son la clave de su diferenciación, donde reside el auténtico lujo porque las creaciones, en cierta manera también son efímeras y con el tiempo se vuelven memorables.

En The Dom Pérignon Island, la firma de champagne nos trasladó a la bahía de Sant Miquel hasta llegar a la isla de Sa Ferradura, propiedad de un magnate ruso -en verdad es una Península porque conecta con Ibiza a través de una estrecha carretera-. Un entorno paradisíaco de jardines tropicales donde se puede contemplar en todo su esplendor la belleza salvaje del entorno: costa escarpada, azul de ultramar y flora autóctona alrededor de una mansión que corona el terreno con zona ajardinada, una villa, zonas lounge y terrazas exteriores, todas ellas con espectaculares vistas al mar. Sin menospreciar dos bares y dos piscinas: una de ellas es una laguna escondida entre los jardines tropicales donde acabé bañándome al caer la tarde.

En la isla nos esperaba el equipo de Quique Dacosta, con el chef multiestrellado al frente, dispuesto a deleitarnos con un menú ideado para la ocasión que no podía estar más a la altura del champagne que lo acompañaba. Durante la semana del evento, la cocina de su restaurante con sede en Denia -se dice que se ve la ciudad valenciana desde la isla- ofreció dos menús degustación en función de la franja horaria. De día, se servía ‘The Lunch’ y de noche ‘The Ultimate Dinner Experience’.

Nosotros tuvimos la ocasión de saborear el menú The Lunch que ocupa la franja del mediodía hasta casi el atardecer. Allí nos recibieron con una cálida bienvenida, previo augurio de cómo se desarrollaría la jornada. Nos sirvieron una copa -por no decir que perdí la cuenta- de Dom Pérignon Vintage 2009 outdoor de la mansión con snacks variados como las finas láminas del jamón Joselito o la rodaja de tomates secos, un plato identificativo de la cocina del chef extremeño.

La comida se sirvió en la terraza superior, situada en la azotea donde Quique Dacosta ejerció de maestro de ceremonias explicando a los comensales todos los detalles del menú exquisitamente elaborado para la ocasión. Evidentemente, los platos mantenían la esencia de la cocina vanguardista con raíces mediterráneas que le ha valido tantas distinciones. Cabe destacar que había elementos autóctonos de la isla como algunas flores comestibles que adornaban algunos platos, entre otros ingredientes que a continuación te detallo.

De todas las delicias que se sirvieron en una mesa decorada con flores, mármoles y copas colocadas estratégicamente – me produce placer solo de verla bien puesta – quiero especificar los que más me sorprendieron: la ostra Dom Pérignon; la gamba roja de Eivissa hervida y té de Bleda, y el arroz de anguila ahumada y cerezas con flores de romero. De postre, Quique Dacosta homenajeó al espíritu flower power de la década de los años 70 de Ibiza con unas fresitas de Sa Ferradura con kéfir seco. Acompañó este manjar La Segunda Plenitud de Dom Pérignon P2 que es el resultado de 17 años de elaboración. Un champagne, que corona la exclusividad, de sabor intenso, vibrante y preciso. Se sirvió la añada del 2000 y la de 1998 con copas que acompañaron también los Petits Fours como un macarón de buganvilla o caviar de chocolate para citar algunos.

La comida dio paso a una relajante digestión alrededor de la piscina de la Villa y las hamacas que nos aguardaban. Yo aproveché para estrenar la temporada acuática bañándome en la laguna que quedaba más escondida, junto a otros compañeros de la profesión donde las burbujas del champagne hicieron que nos olvidáramos de algunas rigideces y composturas, propias de los actos sociales. Con su efecto narcótico y placentero, y sin desperdiciar ningún sorbo, nos zambullimos entre risas acompañados por la brisa marina, los templados rayos de sol del atardecer y esa copa de Dom Pérignon Rosé que nunca se acabó de vaciar del todo. ¡Carpe Diem!

Escribe un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.