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Hotel Mim Sitges

De carácter desenfadado, marcadamente mediterráneo en una de las ciudades del litoral barcelonés que abandera esa esencia. El Hotel Mim Sitges se erige como un interesante alojamiento que satisface a los huéspedes que buscan lujo a pie de playa, sin caer en estereotipos. Nacido en 2013, el Mim no es el típico “hotel de…”, además viene con pedigrí: es propiedad de Leo Messi y lo gestiona el Majestic Hotel Group. Algo tendrá este alojamiento si cuenta con dos reconocidos padrinos que avalan su existencia…

De entrada, la arquitectura del edificio del Hotel Mim Sitges llama la atención por sus escamas metalizadas que adornan toda la fachada exterior. Como curiosidad a destacar, el hotel es un icono en sostenibilidad y compromiso ambiental ya que, según aseguran, fue el primer alojamiento en Europa en recibir la certificación que regula la condición de edificio sostenible. No en vano, en la construcción del edificio se utilizó un 80% de material reciclado. El interior tampoco se queda corto. El diseño está mimado al detalle en espacios diferenciados que guardan una misma esencia decorativa: espacios diáfanos en blanco y gris piedra, trazos minimalistas, detalles metalizados, objetos de inspiración oriental en su justa medida y el toque floral cortesía de Kizuna Arte Floral, una de las floristerías creativas más prolíficas de Sitges.

El hotel dispone de 77 habitaciones y la nuestra correspondía a la categoría Design. De entorno agradable, grandes ventanales, bien insonorizada –algo más que importante para garantizar el descanso-, dotada de una cama King Size, mesita con agua y café y un baño partido en varias estancias con bañera y ducha efecto lluvia. ¡Muy recomendable darse un baño! Quizás los textiles eran un poco estridentes para mi gusto, pero es un detalle que se pueden pasar por alto.

Del Hotel MiM Sitges me quedo sin duda con la zona del spa en la planta -2. El establecimiento cuenta con una exclusiva zona de aguas bastante inusual en un hotel de su categoría – cuatro estrellas- y dispone de un circuito de hidroterapia reparador con sauna finlandesa, baño de vapor, duchas de sensaciones, piscina de agua salada y piscinas térmicas: caliente y fría. A nivel personal os confieso que de entrada siempre entro en la piscina de agua caliente con sus chorros revitalizantes para que, después de un par de intentos fallidos, me aventure de lleno en la pequeña piscina fría para quedarme dentro de ella varios minutos sumergida de pies a cabeza. Acostumbrada a bañarme en verano en las charcas cercanas a mi pueblo materno, Bocairent, donde nace el río Vinalopó a escasos metros, me ha curtido y digamos que en cuestiones de agua fría, fría… estoy curada de espantos. Es más, me gusta esa incomodidad inicial que produce para luego dar paso a una sensación de activación del cuerpo brutal. Y así, dentro de la piscina fría en actitud de relax, me encontró la masajista que venía a buscarme para que experimentase uno de los diferentes tratamientos de estética que imparten desde el hotel.

De entre todos los masajes a la carta, quise experimentar con el Sculptor, uno de los más innovadores. Un tratamiento para estilizar la figura que pone el foco de atención en los muslos, el glúteo, el abdomen y los brazos, allí donde tradicionalmente se acostumbra a acumular más grasa con el paso del tiempo. Este tratamiento reafirma las zonas tratadas, estimula la circulación linfática y activa los procesos metabólicos. Evidentemente si no lo acompañas con una dieta equilibrada y ejercicio regular no sirve para nada. Os confieso que hubo zonas del cuerpo donde el masaje me hizo ver las estrellas literalmente, así que si te quieres relajar esta no es la mejor opción. A veces, para lucir, hay que sufrir.

Por último, te recomiendo que no dejes de visitar el Sky Bar, situado en la azotea. Lo mejor es que no hace falta que estés alojado ya que cualquier persona que quiera disfrutar de un cóctel, música del DJ residente y de un ambiente relajado con vistas al mar y a Sitges – se aprecia muy bien la icónica Iglesia de Sant Bartomeu y Santa Tecla-, encuentra en esta terraza su mejor escusa. Además, tiene una pequeña piscina por si el buen tiempo acompaña. En nuestro caso, nos hospedamos en uno de esos días primaverales donde las nubes y la brisa marinera no dan tregua al sol y aunque no nos bañamos, sí que experimentamos la gastronomía con productos kilómetro 0 del Hotel MiM. Para ello, no faltó un buen xató – el plato local por excelencia-, un pulpo braseado –un poco esmirriado para mi gusto- y una crema catalana que añadió la nota dulce al menú de proximidad. Todo maridado con un vermut Yzaguirre y un Penedés blanco. Para gustos, ¡colores! Tengo que añadir que el servicio fue lento y algo desorganizado, pero luego desde el hotel me comentaron, a modo de disculpa, que se trataba de personal nuevo que empezaba dentro del mundo de la hostelería. La verdad, fue algo anecdótico y hay que dar una oportunidad a los aprendices. De bien seguro, que al acabar la temporada, ya serán unos auténticos maestros.

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