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Turín: burgués e industrial

La llaman “la bella olvidada” o “la gran olvidada”, según el dramatismo que se le quiera dar porque es evidente: la capital del Piamonte no está dentro del circuito de turno de las ciudades italianas a las que hay que visitar casi por obligación. ¡Y encantos no le faltan! Turín es una ciudad atrayente, con personalidad propia, donde la industria convive con la opulencia aristocrática. Cuna de Fiat, paradigma italiano del motor, del linaje de los Saboya, de la magia, del chocolate y del aperitivo con bufets inacabables. Por todo ello, Turín nada tiene que envidiar ni a Roma, Florencia, Venecia o Milano. La ciudad brilla con luz propia…

Acurrucada bajo los imponentes Alpes, en la ribera de los ríos Po y Dora se encuentra “la ciudad olvidada”. Aunque es la actual capital de la región de Piamonte, una de las más desarrolladas del país, Turín –Torino en italiano- fue la primera capital de Italia con más de dos mil años de historia. La ciudad, que navega entre la modernidad cosmopolita y la tradición industrial, se ha sabido reinventar en todo momento logrando méritos propios que la reposicionan siempre en el mapa europeo. A modo de curiosidad es Capital Gastronómica de Italia, fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en 2006 –conservo una moneda de 2 euros que me lo recuerda- y fue nombrada Capital Mundial del Diseño en 2008.

La ciudad se ha sabido reinventar logrando méritos propios”

Sin ánimos de aburrirte con curiosidades, para eso puedes consultar las guías, te recomiendo cinco espacios y actividades que no puedes perderte en una escapada de fin de semana o como fue mi caso, en esos puentes de 3 días que rompen con las rutinas laborales.

  1. Centro burgués

Turín es una ciudad para perderse -de día y de noche- entre sus calles y bulevares con largos pórticos donde se concentran los ejes comerciales que desembocan a las grandes plazas como la Piazza Castello o la Piazza San Carlo. Si hay algo que me gustó de la ciudad son los detalles de los edificios, las ornamentaciones arquitectónicas y lo bien cuidada que tienen la calle. Destacan también los edificios señoriales de estilo barroco y las cafeterías antiguas, que se merecen un capítulo aparte como os cuento al final de la entrada. Pasear por su centro sin prisas es algo totalmente recomendable para descubrir ruinas romanas como la imponente Porta Palatina. Al igual que si vais con tiempo merece la pena visitar el Palazzo Madama, el Museo Egipcio -el segundo más importante después de El Cairo- o el Museo del Cine que está ubicado dentro la Mole Antonelliana, el símbolo arquitectónico de la capital piamontesa. Fue allí donde encontramos, la única cola para entrar -en los demás sitios no hay prácticamente aglomeraciones- así que al final desistimos para dirigirnos al Monte dei Capuccini para contemplar la mejor panorámica de la ciudad burguesa.

  1. Parco del Valentino

Una gran extensión verde, a orillas del Po, que ofrece un ambiente bucólico y agradable para “desintoxicarse” de la zona urbana. A mí me impresionó ver tal magnitud de parque con varios kilómetros de árboles, explanadas, flores, arroyos y animales que se han integrado en el día a día de los turineses que van a hacer running, ciclismo o remo; o de picnic al aire libre. Ardillas que mendigan comida, patos que se creen palomas, nutrias que salen del río, caballos esperando su turno para pasear… Te pensarás que me flipo, pero la verdad: ¿cuántos de nosotros vivimos cerca de parques como esos? Los que me cruzo a diario son tristes espacios reducidos de hormigón con alguna vegetación anecdótica. ¿Te suenan?

Por último, dos imperdibles a modo de curiosidad dentro del Parque del Valentino: el sorprendente Borgo Medievale, una reconstrucción de una aldea medieval piamontesa del siglo XV y el capricho ñoño del momento: encontrar las farolas abrazadas que representan los enamorados. ¡Nos tuvo entretenidos un par de horas hasta dar con ellas! Y como nota final una recomendación gastronómica: comer en el restaurante L’Idrovolante con grandes vistas al río.

Te pensarás que me flipo con las grandes extensiones verdes, pero es normal: a diario convivo con los tristes espacios de hormigón con vegetación anecdótica. A eso aquí le llamamos parques”.

  1. Parco Dora

Si Valentino es el parque campestre y onírico, Dora representa el parque agreste, decadente y abandonado. ¡Y me encantó su estética cyberpunk! Lo descubrimos el primer día subidos en el autobús que nos trasladaba del aeropuerto al centro y no nos lo pensamos dos veces en recorrer unos quilómetros a las afueras de la ciudad para dar con este parque post industrial que representa los vestigios de la industrialización. De hecho, es en el actual Parco Dora donde se situaban las fábricas de Fiat y de Michelin de finales del siglo XIX hasta que las trasladaron hace unas décadas. Planeado por el arquitecto Jean Pierre Buffi, esta extensión de acero, piedra y metal conserva el encanto industrial de antaño e incorpora el arte urbano del graffiti. De hecho, es ahí donde se sitúa uno de los mayores Skatepark de Italia y es espacio habitual de conciertos tecno. A lo lejos, imposible no ver la iglesia Santo Volto.

Si te gusta la estética post industrial, no te pierdas Parco Dora y la iglesia Santo Volto”

De ese pasado industrial también queda el barrio Docks Dora, la villa obrera de Leumann, el Museo del Automóvil levantando en 1936 en plena era de Mussolini o el edificio Lingotto, símbolo de la fábrica moderna ideado por el arquitecto Giacomo Matté Trucco para Fiat siguiendo el concepto de proceso productivo en cadena.

  1. La ruta esotérica

Entre la atracción más profunda y el frío escepticismo, esa es la sensación dual que tengo cuando alguien me habla de magia. Más allá de acoger la sábana Santa, Turín sorprende por su esoterismo y ocultismo. La ciudad se encuentra como vértice del triángulo de la magia blanca, que formaría con Lyon y Praga; y también de la magia negra, junto a Londres y San Francisco. Así, la capital del Piamonte mantendría un equilibrio entre la luz y la oscuridad, entre las fuerzas positivas y las negativas. Existe una ruta temática llamada Torino Magica que explora los indicios y mensajes ocultos que existen en los edificios, las fachadas, las esculturas y las fuentes que me parece totalmente hechizante. No tuvimos tiempo de hacerla, pero sí que nos topamos con algunos de los puntos oscuros: imposible obviar “el mal rollo” que genera contemplar la fuente monumental Traforo del Frejus de estructura piramidal con grandes rocas procedentes de la excavación del túnel subterráneo. La pirámide está coronada por un ángel alado que representa Lucifer y a lo largo de la pirámide se encuentran figuras de mármol de los titanes muertos. Algunos dicen que es un monumento a los mineros fallecidos en la construcción del túnel que conecta con Francia. Otros aseguran que bajo la pirámide se encuentra una puerta hacia el infierno. Welcome to Hell! Allá cada uno con sus supersticiones…

Turín acoge una de las puertas al infierno a los pies de un monumento coronado por Lucifer”

Los cafés turineses

Es evidente que, en Turín, como ciudad italiana, entra por el paladar, pero esta vez me centraré en lo realmente imprescindible: las cafeterías turinesas donde degustar la bebida típica: el Bicerin. Una mezcla genuina a base de café, chocolate amargo y nata servida en grandes vasos redondeados en establecimientos históricos donde se daban cita grandes personalidades de la época como Nietzche, Puccini o Alejandro Dumas. En esta escapada visité el Caffè San Carlo con su magnífica lámpara de araña presidiendo el techo o el elegante Caffè Torino con una espléndida barra donde servían dulces tradicionales y más tarde la hora del aperitivo. Las dos cafeterías se sitúan en la plaza más imponente de la ciudad. También es de visita obligada Al Bicerin, en la Piazza Consolata. Un pequeño local, abierto desde 1763 con cinco o seis mesas y excelente terraza -aunque no la pudimos aprovechar porque llovía- con tienda de dulces del Piamonte justo al lado.

Y, por último, te recomiendo un local de copas por si más allá del aperitivo que se sirve para la cena, te apetece alargar la noche. Se trata de Dash Kitchen, un espacio que lleva el encanto de Nueva York a Turín y que reúne las dos grandes pasiones de Massimo De Cristofaro: la cocina y las grandes cervezas. Punto y aparte merece la arquitectura de alma industrial ideada por Fabio Fantolino, así como la decoración de interiores, donde se combina de forma sublime el cemento, los ladrillos, el cuero y el terciopelo creando una atmósfera de los años 70 muy cálida y acogedora. ¡Un espacio imprescindible para los que buscan placer visual y gustativo!

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