Cultura, Viajes

Pinakothek der Moderne

La Pinacoteca Moderna de Múnich (Pinakothek der Moderne) es quizás uno de los espacios culturales que más me ha sorprendido de la capital bávara, la cual este otoño decidí darle una segunda oportunidad para reconciliarme con ella.

Inaugurado en el año 2002, es obra del arquitecto alemán Stephan Braunfels, quien en 1992 recibió el encargo de diseñar el museo más grande de lo que se conoce como Kunstareal (el distrito del arte de la ciudad). Braunfels proyectó un enorme edificio de hormigón liso y de líneas rectas con varias alas, todas ellas conectadas por una rotonda central. Cada una de éstas acoge las distintas colecciones del museo y suponen “la unión de los cuatro”: el arte moderno correspondiente a la primera mitad del siglo XX; el arte contemporáneo desde 1960; los trabajos de grandes maestros sobre papel; y por último, la arquitectura y el diseño industrial.

Este enfoque interdisciplinar del museo me parece muy interesante porque le aporta identidad propia y las artes, a pesar de situarse en espacios separados, convergen entre sí en un mismo contexto cultural. Integración, interrelación y complementariedad entre las manifestaciones artísticas en un edificio donde la arquitectura juega un papel fundamental.

Tras una enorme inversión, una década más tarde se abrió finalmente lo que hoy en día se considera un espacio de referencia internacional que combina exposiciones permanentes con otras temporales que no dejan de sorprender al visitante.

“Este enfoque interdisciplinar del museo le aporta identidad propia”

La casa del futuro

¿Y qué es lo que vi? No me pondré a detallar todo lo que observé, pero si mencionaré alguna de las obras que me llamaron la atención. Para empezar, en la entrada de Pinakothek der Moderne una nave espacial extraterrestre te da la bienvenida. Es la ‘Casa Futuro’ del arquitecto finlandés Matti Suuronen que diseñó en 1968 para que fuera un chalet de esquí en sus inicios. Más tarde se comercializó al público como una pequeña casa prefabricada para montar e instalar en cualquier lugar. Su construcción esférica y su estética futurista la convierten en un habitáculo muy identificable que engancha a golpe de vista.

Una simbiosis entre artesanía y fabricación industrial

En la exhibición ‘Beyond the New’, la diseñadora holandesa de productos Hella Jogerius y la teórica del diseño Louise Schowenberg reflexionan sobre la búsqueda de ideales en el diseño actual. Las dos creadoras muestran como la industria puede ser más creativa cuando aborda productos sostenibles de alta calidad y cuando fomenta el diseño libre y experimental para crear obras singulares. Una revisión en clave positiva de los procesos de fabricación actuales para dejar de lado la obsesión que la industria tiene por “lo nuevo” a favor de “lo creativo y original”. Se venden ideas, no productos.

Sillas musicales y coches colgantes

La escultura ‘Viaje a Jerusalén’ (el nombre de Alemania Occidental para sillas de música) del escultor berlinés Olaf Metzel es un símbolo del museo presente desde su inauguración. Una escultura en forma de columna solitaria que se sostiene en una de las escaleras del acceso principal. Varias planchas de vidrio acrílico decoran la escultura y en su interior se apilan sillas de plástico deformadas. Una obra excéntrica que genera todo tipo de comentarios. De entrada, no me gustó. Por último, los fanáticos del motor tienen una visita obligatoria a la exposición de coches y motos de fabricación alemana de principios del siglo XX. Modelos icónicos conservados a la perfección y algunas logradas réplicas que te invitan a subirte dentro sin más.

Toda la visita por las distintas salas y exhibiciones de Pinakothek der Moderne, el museo de arte más grande de Alemania, cuesta el irrisorio precio de un euro. Sí, lo has leído bien. El acceso a la cultura no tendría que ser un lujo. A la práctica, ya sabemos que en otros países es más bien inaccesible…

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