Street Mind_Under a SpellUn pueblo de encanto medieval. Arrinconado por montañas que lo envuelven con su manto pedregoso. Los árboles, las cuevas y las rocas desnudas se disputan las escarpadas laderas. Los pájaros y algún globo aerostático quiebran las luces matinales de un cielo despejado, sin apenas nubes. El cian se funde con el ocre. Las capillas coronan las cimas y el altivo campanario se alza como imponente guardián de la fortaleza religiosa. Nada ni nadie se salva de su escrutinio cotidiano. A su alrededor el tiempo discurre a paso lento.

Desde pequeña recorro las estrechas calles del barrio viejo de Bocairent. Me críe en ellas durante los soleados días de agosto y las heladas de febrero. Recuerdo como me escondía en su enrevesado entramado en juegos de niños interminables que duraban hasta la medianoche. Entre bocadillo y bocadillo pasaban las horas. Por la tarde, daba de comer a los gatos con los restos de comida que sacaba a hurtadillas de casa de mi abuela y me encariñaba de sus crías legañosas. Adoro los pasillos de plantas que siguen decorando los rincones con tiestos de cazuelas oxidadas y cubos de plástico creando una extraña armonía del caos. El olor a piedra y la tierra mojada. Las fuentes que me daban de beber con sus tiradores de latón en forma de león dantesco. El colorido de las flores y las semillas negras que recolectaba de los ‘Don Pedros’ – especie Mirabilis jalapas-  que aún pueblan las calles. Al atardecer, cuando las flores del ‘Galán de noche’ se abrían, no podía resistir arrancar una de cada color y colocarme detrás de la oreja la más ostentosa: aquella cuyos pétalos se abrían formando una corola simétrica.  Las había de violetas, amarillas, rosas y blancas. Y las que me gustaban más: las que mostraban sin pudor un mestizaje cromático fruto de sus aleatorios cruces.

Siempre que puedo, vuelvo al pueblo para recorrer sus empinadas escalinatas y explorar nuevas rincones que aún no conocía del barrio que me ha visto crecer. A escuchar los sonidos: vecinas que hablan sobre trivialidades, los ecos de un televisor lejano o el lamento de las campanas que anuncian la vida y la muerte; y a disfrutar de los silencios. Los pasos huecos, las miradas furtivas de los felinos que habitan entre la decadencia y el arrullo del aire que se cuela como compañero invisible. Camino despacio mientras me dejo llevar por su embrujo. Siempre bajo el resguardo del viejo centinela de piedra que observa inmutable mis movimientos.

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[Street Style]

Vestido: Scotch & Soda

Pendientes: Bimba & Lola

Reloj: Mam Originals

Anillo: Maria Pascual

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[LOCALIZACIÓN]

Barri Vell de Bocairent

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Agradecimientos:

Fotos: Josep Dalmau