Lujo en la nieve by Tendencias al dente

Os lo confieso. Me da miedo esquiar. Le cogí pánico desde que me pegué el tortazo del siglo hace más de 15 años. Lo recuerdo como algo traumático con medio pellejo de la cara quemado y hematomas decorativos que me daban un aire dantesco. Ahora me parece ridículo pero, en plena adolescencia de patito feo, asemejarse al Fantasma de la Ópera durante unos meses no era el mejor bálsamo para la autoestima.

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Y ahí lo dejé. Poniendo excusas, año tras año, para no ir a la montaña nevada hasta hace unas semanas que me invitaron a vivir un fin de semana de lujo en Andorra, en el inmenso complejo de Grandvalira. La visita incluía esquiar durante una jornada. Terror, sudor frío. ¿Se van a dar cuenta que para mí ascender por el telecabina es como ir directa al matadero?

Òscar, el monitor Top Class que me asignaron se dio cuenta de mi risa nerviosa, antesala del pánico disimulado que  vendría después. Para más ‘inri’ me pedí que me enseñara snowboard, pensé que cambiando de modalidad me sentiría más segura para hacer las paces con las pistas. Y funcionó. Durante tres horas me mostró de forma didáctica y distendida lo más básico: girar, frenar, controlar el cuerpo y bajar con -más o menos gracia- la pendiente. Hubo batacazos, gritos de emoción y carcajadas. Pero conseguí perderle algo de respeto a la nieve. ¡Gracias Òscar por la paciencia!

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Probé otras actividades que me divirtieron: un paseo con trineo arrastrado por perros de competición (mushing) y una excursión con motos de nieve donde después de un inicio accidentado -casi me meriendo un árbol- le cogí el tranquillo y empecé a darle gas, sintiéndome en la piel de un personaje de la mítica serie infantil Waky Races. Yo como “Crazy Mary y su motosiera veloz”.

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El après-ski fue excelente en el acogedor Sport Hotel Hermitage & Spa de Soldeu, un encantador alojamiento de cinco estrellas que contaba con una decoración alpina cuidada al más mínimo detalle. Entramado de maderas, techos altísimos y mullidos sillones de piel que invitaban a tomar una copa con vistas a la montaña. Concretamente un White Russian y un Old Fashion. Mencionar el lujoso Sport Wellness Mountain que el hotel alberga en su interior. 5.000 m2 distribuidos en cinco plantas con piscinas con diferentes temperaturas, surtidores de hidroterapia, jacuzzis, masajes subacuáticos, salas de masajes… Un paraíso del relax a 1.850 metros de altura.

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Considerada el nuevo lujo, la gastronomía estaba al mismo nivel que el resto de los servicios con seis restaurantes que cuentan con una renovada oferta capitaneada por dos chefs con una estrella Michelin: Nandu Jubany y Hidei Matsuhisa. A destacar: los extensos desayunos con una carta que representaba casi todos los manjares del mundo.Lujo en la nieve by Tendencias al denteLujo en la nieve by Tendencias al dente

En definitiva, una experiencia 360 grados que jamás olvidaré. ¿Miedo a esquiar? Algo menos…

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Agradecimientos:

Grandvalira

Sport Hotel Hermitage & Spa

Fotos: Chicken_Panic