A trip to Stockholm by Tendencias al dente

El invierno no ha llegado aún en Barcelona y no creo que lo vaya hacer a medio plazo. Vivimos un otoño atípico o una primavera temprana que no hace más que ponerme los pelos de punta. Harta de este eterno período de entretiempo y como no me va lo de posar con un atuendo alpino a 18 grados por la ciudad hice una escapada a una destinación fría estas pasadas fiestas navideñas. Y me fui al norte, muy al norte.

No había estado nunca a un país nórdico y menos en invierno que es como un suicidio para alguien de sangre mediterránea. Pero lo dicho, me apetecía aires helados y casas muy calientes. Justo lo contrario que aquí. Estocolmo me tiró de inmediato y no porqué hiciera una investigación exhaustiva de sus atractivos –que son muchos- sino porque me lo sugirió un buen amigo, experto en territorio escandinavo. Además habla sueco, así que mejor para entenderse y entendernos.

Alquilamos un apartamento en el barrio bohemio de Södermalm, situado en una isla al sur de la capital, cerca de la plaza Maria Torget y allí instalamos nuestro campamento. Bajo la atenta mirada del danés Mads Mikkelsen, protagonista de Hannibal –para mí, obra maestra- hicimos muchas de nuestras comidas suecas a base de rúcula, salmón, huevos, zumos varios y quesos por doquier untados con tostas Wasa. Con el apetito saciado, recorrimos durante el día –y alguna noche- toda la ciudad en busca de sus encantos más singulares. Los bellos y los feos.

Más allá de la euforia de Abba, las novelas de Stieg Larsson, los renos luminosos y los cutre gorros de vikingos -si Ragnar Lothbrok levantara la cabeza…- ‘malgastamos’ el tiempo haciendo lo que más nos gusta: callejear sin rumbo fijo, hacer un poco el cafre y descubrir locales: cafeterías, restaurantes, pubs con conciertos en directo y tiendas de diseño para encontrar las últimas tendencias en decoración a precios de “mírame pero no me toques”. Concretamente, me enamoré de dos anticuarios que tenían la tetera y las tazas de hojas del diseñador y ceramista Stig Lindberg. Así para recordar, mencionar una visita el Vasa Museum y una gloriosa fiesta de Fin de Año en casa de nuevas amistades suecas de aquellas que conoces una noche de juerga en la que acabas bailando descalza entre decenas de pies pisando la cerveza desparramada en la alfombra de motivos arabescos del comedor. El resto del loft, diseño 100% escandinavo.

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Agradecimientos:

Fotos: Chicken Panic

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